Natalia Soriano: «La peluquería de autor es el futuro»
Hay conversaciones que no necesitan empujón alguno. Arrancan solas y te llevan consigo. Con Natalia Soriano, al frente de los salones Compte Barcelona, fue así desde el principio.
Me siento frente a frente con Natalia Soriano en el salón Compte Barcelona de la calle Llull en el corazón de Poblenou. con ese ruido de fondo tan reconocible –secadores, conversaciones cruzadas, alguna risa– y, sin darnos cuenta, acabamos hablando no solo de peluquería, sino de empresa, de familia, del día a día en este sector y de lo que significa crecer en un negocio que prácticamente te ha visto nacer.
Hablar de Compte es, inevitablemente, hablar de Pepita Compte. Un nombre icónico. Un nombre que es historia de la peluquería. Pepita fundó el salón en 1958, con solo 19 años y con la ayuda de su madre, en una España donde encontrar una mujer empresaria era prácticamente una anomalía. En nada, la marca que lleva su apellido cumplirá 70 años. Y eso no va solo de tiempo, va de carácter. Hoy es Natalia quien lleva las riendas. Y más que una continuidad, lo que hay es una interpretación propia del maravilloso legado de Pepita.
Natalia no es peluquera. Y, sin embargo, entiende la peluquería como pocos. Quizás porque la ha respirado desde pequeña, quizás porque ha sabido mirar el oficio desde fuera cuando tocaba. O quizás porque, como ella misma admite, hay cosas que no se aprenden: se llevan dentro.
¿Cuántos años llevas al frente de Compte?
"Este año cumplo 16 al frente de la empresa. Me incorporé al negocio por circunstancias de la vida, pero la verdad es que estoy encantada. Mirando atrás, nací prácticamente entre peines, tijeras y cepillos. Mi mamá me tuvo casi dentro de la peluquería y se fue pitando a la clínica, saliendo desde aquí. De pequeña, salía del colegio y venía a hacer los deberes al salón, entre rulos y líquidos de permanente. Ese olor… lo tendré grabado de por vida."
Llevas la peluquería en la sangre, pero no eres peluquera.
"No, no lo soy. Y mira que lo intentaron en casa. Todos los veranos acababa en la Academia de L’Oréal en Paseo de Gracia. He hecho mechas, he puesto tintes, he cortado… Me obligué a que me gustara porque pensaba que tenía que ser peluquera por fidelidad a mi madre. Pero no. Esto, si no te sale del estómago, no funciona. A mí siempre me han gustado los números, así que estudié Económicas."

Y fíjate tú, al final esa mezcla ha sido clave.
"Totalmente. Yo no soy peluquera, soy product manager y por tanto soy más de números, pero he sabido desarrollarme en este negocio porque también he heredado la parte emocional y artística de mi madre. Lo que aporto en Compte Barcelona es justo eso: entender el negocio, pero también entender al peluquero. Y saber conjugar todos los ingredientes no es fácil."
¿Es difícil hoy la peluquería como negocio?
"Lo es, lo es. Por eso creo que para un profesional la clave está en apostar por la peluquería de autor. La peluquería de autor es el futuro. La peluquería bien hecha, la peluquería con protocolos, la peluquería con buenos productos. La peluquería va más allá de un corte de pelo. A la peluquería, la gente viene a sentirse bien. Ahora bien, si solo estás detrás del sillón, no ves el negocio. Hay que pensar, hacer números, entender qué cuesta cada servicio. Muchos peluqueros están perdiendo dinero sin saberlo."
Hablemos de tu madre, Pepita Compte. Abrir un salón en 1958 siendo mujer no era precisamente fácil.
"Mi madre fue pionera total. Fíjate que en aquella época las mujeres tenían que pedir permiso al marido para trabajar. Ella no tenía padre, así que contó con el apoyo de mi abuela. De hecho, quien realmente abrió el negocio fue mi abuela. Mi madre estaba trabajando en Andorra, a punto de irse a París, y mi abuela le dijo: ‘Baja, que lo he empeñado todo y estoy viviendo en el local donde pondremos la peluquería‘."



Las mujeres de tu familia no se andaban con medias tintas.
"Nada… ¡es que había que comer! La verdad es que vengo de una familia de mujeres muy valientes."
Si tuvieras que definir a tu madre en una palabra. ¿Cuál dirías?
"Visionaria. Totalmente fuera de época. Porque lo es aún ahora, a día de hoy, con 88 años."
Paralelamente, siempre has destacado también el papel de tu padre.
"Sí, porque no era fácil. Él se puso detrás de ella. Literalmente. Tiró de la familia desde muy joven y, cuando se conocieron, entendió perfectamente quién era mi madre. Siempre la empujó a cumplir sus sueños. Siempre."
Hay una frase que siempre se dice: detrás de un gran hombre hay una gran mujer. En vuestro caso fue al revés.
"Totalmente. Detrás de una gran mujer como Pepita Compte estaba mi padre, Ferran Soriano, que fue un gran hombre."

¿Qué valor te representa más hoy de todo ese legado?
"La cultura del esfuerzo. Para mí, llevar a cabo mi trabajo al frente de Compte Barcelona no es una carga, es algo que hago con ilusión y de forma natural. Y también la vocación de servir al cliente. Pero de verdad. No por obligación. Porque a mí me gusta que me cuiden cuando voy a un sitio. Y quiero que las clientas que vengan aquí se sientan muy bien cuidadas."
¿Cómo quieres que sea Compte hoy?
"Quiero que siga siendo lo que es, que conserve su esencia. La clave estuvo en cómo Pepita hizo la transición cuando dejó de peinar y cortar… Mi madre no fue nada egoísta, dejó crecer al equipo para que, cuando ella se aportase del salón, la clientela no la echara en falta. Sin ego. Con generosidad. Eso no lo hace todo el mundo."
¿Y ahora?
"Ahora estamos ante otro cambio. La gente se jubila, llegan nuevas generaciones… y te tienes que replantear todo constantemente: qué quiere el cliente, cómo lo quiere, cómo se siente cuando entra. Porque tú como cliente entras en una peluquería y lo notas todo en un par de segundos."
Hablamos de la experiencia del cliente, claro.
"Así es. Hoy el cliente da por hecho que entra en una peluquería y le van a peinar bien. Lo que busca es otra cosa. Ambiente, atención, desconexión… sentir una experiencia. Hoy muchos salones de peluquería son casi un oasis."





Habéis ido siempre de la mano con L’Oréal. ¿Qué peso tiene realmente un partner así en el día a día?
"Es fundamental. Yo he crecido con L’Oréal. Piensa que todavía guardamos facturas de cuando la empresa se llamaba Procasa. Ir de la mano de una marca que siempre ha innovado, ha tirado para adelante… pues a día de hoy, para el peluquero, es con lo que puede estar más tranquilo. Así, para mí, más allá del producto, trabajar con L’Oréal es tranquilidad y respaldo. Saber que tienes detrás una marca que investiga, que se adelanta, que entiende el mercado. Eso, en un negocio como este, pesa mucho. "
Tenéis tres salones. ¿Cómo se crece sin perder identidad?
"Para mí crecer no es abrir más salones. ¿A qué le llamo yo crecer? Crecer es formar mejor a nuestros estilistas. Crecer quiere decir facilidad al cliente. Crecer de verdad es crecer en calidad."
El cliente también ha cambiado.
"Muchísimo. Antes venía una vez a la semana. Ahora, si viene dos veces al año, ya puedes estar contento. Y encima tiene mil opciones. Si vuelve, es porque algo has hecho bien."


¿Cómo ves el futuro de la profesión?
"Necesitamos más profesionales en el sector. A quien tenga un hijo con manos, que le anime a estudiar peluquería: no hay que cortar las alas a la gente que quiere ser peluquero. Porque esta es una profesión de futuro. Aquí no hay IA que valga. La inteligencia artificial no sustituirá a los peluqueros. Por eso hay que transmitir ilusión."
Si tu madre pudiera ver el futuro de la marca, ¿qué crees que le emocionaría más?
"Saber que todo lo que ha hecho ha valido la pena. No por tener su nombre en la entrada… sino por todo lo que ha aportado a la peluquería y por toda la gente que ha formado a lo largo de su vida."
