Andy Warhol y Vidal Sassoon, una colaboración inesperada
Fue en 1985… y Andy Warhol entró en el universo de Vidal Sassoon con la naturalidad de quien ya era parte del gran escaparate del arte y el show business del siglo XX.
A mediados de los 80, Andy Warhol era ya mucho más que un artista: era un símbolo viviente de un siglo obsesionado con la imagen, la fama y la apariencia. Y, sin embargo, ahí estaba. Prestando su rostro, su peluca y toda la ironía que llevaba pegada al personaje a una campaña del icónico Vidal Sassoon para su Natural Control Hairspray for Men. A mí, qué queréis que os diga, me parece una de esas fascinantes historias que explican una época mejor que las enciclopedias: uno de los artistas más famosos del siglo XX unido al peluquero más legendario de la misma era.
Pero no se trataba de un capricho, ni de una excentricidad lanzada al aire. The New York Times contaba en 1985 que la agencia Peter Rogers Associates preparaba para Vidal Sassoon una campaña en revistas masculinas con testimonios de celebridades y gente corriente, con una inversión de 1 millón de dólares y presencia en cabeceras tan reconocibles como Esquire, Gentlemen’s Quarterly, Playboy y Rolling Stone. Y entre todos esos nombres aparecía Andy Warhol con una frase que parecía escrita para él: "Vidal Sassoon Natural Control Hairspray for men – the art of style".
Y es que "The art of style" no era solo un eslogan. Era casi una declaración de intenciones. Vidal Sassoon llevaba años elevando la peluquería a una categoría cultural que cambió la profesión para siempre, y Warhol llevaba toda la vida demostrando que, a estas alturas de la historia, arte, publicidad, imagen y provocación formaban ya parte del mismo lenguaje.
Lo fascinante es que, además, había una ironía evidente: Warhol, que escondía su pérdida de cabello bajo sus célebres pelucas, acababa siendo imagen de un producto capilar masculino. Mira tú. Y claro, ahí todo encaja demasiado bien como para no detenerse un momento. Porque Andy Warhol siempre entendió algo que la peluquería sabe desde hace mucho: que la identidad también se construye desde fuera. Desde el espejo. Desde el gesto. Desde el cabello. Siendo todo lo imaginativo que haga falta.
Décadas después, el universo Warhol recuerda aquella campaña precisamente por eso, por su carga casi teatral, por ese humor seco que convertía el artificio (su peluca) y el cuidado de la apariencia (uno de los primeros champús masculinos) en parte del espectáculo. No les falta razón. Aquello no fue solo una campaña de publicidad. Fue una fotografía muy precisa de los hedonistas años 80, cuando el estilo ya no era un complemento: se había convertido en el mensaje.
Y en medio de todo eso, el inolvidable Vidal Sassoon. No como un peluquero más, que sería absurdo decirlo, sino como un visionario, un icono del mundo de la belleza, una figura capaz de dialogar de tú a tú con la cultura visual de su tiempo. Ahí reside, para mí, la grandeza de esta historia. En entender que la peluquería siempre fue uno de los más fascinantes espejos de la sociedad, y que cuando conecta con los protagonistas de su tiempo, pasa de reflejar su época a escribir la historia.

