El modelo de Alma Barcelona: sostenibilidad que sí funciona
Hay días en los que uno entra a un salón y sabe, sin necesidad de que nadie le explique nada, que ahí está pasando algo distinto. Me ocurrió en Alma Hair Spa Salon, en Barcelona.
Día Mundial del Agua, Barcelona, entro en uno de los salones más reconocidos estos últimos tiempos en la Ciudad Condal, Alma Hair Spa Salon. Una peluquería que, con apenas seis años de trayectoria, se ha hecho un hueco en la competitiva escena barcelonesa, no solo por sus protocolos y cuidada experiencia del cliente, sino por haberse significado con hechos en una manera distinta de entender la profesión: más consciente, más responsable y profundamente comprometida con el cuidado del planeta, del agua y de todo lo que ocurre más allá del propio espejo. No se trata de marketing. Es otra cosa. Más silenciosa. Más seria.
Llevo años escuchando hablar de sostenibilidad en la peluquería. Demasiados, quizás. Pero pocas veces la he visto integrada de forma tan completa en un modelo de negocio que funciona, que factura y que, además, tiene alma. En Alma –ahora sé que el nombre no es casual– todo eso convive con una naturalidad que desarma.



Un salón que nació en el peor momento… y acertó
Álex Rodríguez Agramunt, CEO de Alma Hair Spa Salon, me lo decía sin épica impostada: "Fue un reto desde el principio, y más teniendo en cuenta que abrimos en plena pandemia." Y, sin embargo, quizás ahí está la clave. Porque cuando abres en un momento en el que todo se tambalea, no te queda otra que pensar muy bien qué quieres hacer y, sobre todo, qué quieres ser. En su caso, no querían solo hacer color o corte. Querían algo más complejo: mezclar belleza, bienestar, sostenibilidad y negocio.
Lo interesante es que el cliente lo ha entendido. O mejor dicho, lo ha sentido. Porque aquí entra una idea que muchos todavía no han terminado de digerir: la peluquería ya no es solo necesidad, también es placer. Por eso hoy, en Alma, el hair spa es una de las piezas centrales del modelo.


Álex lo resume sin rodeos: "Tener un hair spa es un punto muy diferencial. La gente viene a vivir y a disfrutar de una experiencia." Además, el hair spa eleva definitivamente el ticket medio. Pero no solo porque vendas más servicios, sino porque el cliente percibe más valor. Y cuando el valor percibido sube, el precio deja de ser un problema. Esto, que parece obvio, sigue siendo una asignatura pendiente en muchos salones.
Pero si hay algo que me llamó la atención durante la conversación que tuvimos con Álex fue la obsesión por el protocolo. No como rigidez, sino como estructura. "Nunca empezamos un servicio sin que el cliente sepa qué se va a hacer, cuánto va a durar y cuánto va a pagar," afirma Álex. Y dicho así, parece de sentido común. Pero sal a la calle y entra en diez peluquerías distintas. Luego me cuentas. Diagnóstico previo, laboratorio a la vista, transparencia en precios, zonas de espera pensadas para el disfrute. No son grandes revoluciones. Son decisiones bien ejecutadas. Y, sobre todo, sostenidas en el tiempo.

La sostenibilidad cuando deja de ser discurso
Aquí es donde Alma se separa del ruido. Porque una cosa es colgar un cartel verde y otra muy distinta es medir, invertir y transformar procesos. Ellos lo han hecho de la mano del programa ‘Hairstylists for the Future’ de L’Oréal Productos Profesionales, del cual son embajadores y han implementado de forma íntegra en el salón. Este programa tiene el objetivo de impulsar al sector de la peluquería profesional hacia la sostenibilidad global, mientras se reduce el impacto medioambiental de cada salón, favoreciendo una transición hacia alternativas más sostenibles en el desarrollo de su actividad.
La iniciativa está basada en tres pilares: la reducción en el uso de agua, el reciclaje de residuos y las alternativas limpias en el consumo de energía.
Se estima que el 60% del residuo generado por un salón lo constituye el pelo cortado. Por eso, L’Oréal Productos Profesionales cuenta con el mejor partner para el reciclado de cabello a nivel local, la start-up Clic Recycle con sede en Barcelona. Su programa de recogida apuesta por la valorización de esta materia orgánica transformándola en mantillos para la agricultura regenerativa y redes biodegradables de cabello para la limpieza de aceites, hidrocarburos y metales pesados en puertos, ríos y mares.


Para Álex Rodríguez Agramunt, el reciclaje del cabello es un proyecto muy bonito: "El cabello junto con las uñas es la materia del cuerpo que más contamina. Piensa que al considerarse un residuo, no se recicla y termina quemándose… y es entonces cuando contamina: ¡un kilo de cabello quemado emite hasta 4,5 kilos de CO2 a la atmósfera! Con el proyecto de Clic Recycle todo el cabello cortado de nuestros clientes no solamente no va a contaminar la atmósfera, sino que va a ayudar a limpiar los océanos". Suena poético, pero es pura ingeniería aplicada.
Además, en Alma trabajan con energía 100% limpia, 100% verde y se han asociado con una ONG que ayuda a países en subdesarrollo energético. Álex lo deja bien claro: "Alma nació con un concepto de cuidar el cabello, de cuidar a las personas y de cuidar el planeta. Por eso cuando en L’Oréal nos presentaron el proyecto ‘Hairstylists for the Future’ y todas las herramientas que podíamos implementar, fuimos de lleno… y las implementamos todas."
El agua: donde de verdad se nota el compromiso
El Día Mundial del Agua no era una excusa. Era el contexto. En peluquería gastamos agua. Mucha. Es inherente al oficio. La diferencia está en cómo gestionas ese consumo. En Alma han instalado sistemas como los cabezales Water Saver de L’Oréal, que microfragmentan el agua y permiten ahorrar hasta un 69%. "Además tenemos un sistema de recirculación que nos avisa cuando llega el agua caliente para no tener que malgastarla. Se puede ser sostenible y a la vez ser rentable. Estos sistemas los implementamos en enero del 2025 y el ahorro que tuvimos todo el año respecto al año anterior fueron 500.000 litros. El implementar estos proyectos tienen una inversión inicial, pero acaba siendo rentable a largo plazo y obviamente hemos más que recuperada la inversión," explica Álex.
El equipo: el verdadero activo de Alma
Pero si hay una frase que me quedo de toda la conversación es esta: "La formación representa, sin duda, los euros mejor invertidos del salón." Podríamos enmarcarla y colgarla en muchas salas de descanso. Álex lo tiene claro. Puedes atraer clientes con branding, ubicación o redes sociales. Pero quien los fideliza es el equipo. Y un equipo sin formación acaba convirtiéndose en un lastre para el salón.
En Alma han comprendido algo que todavía cuesta de entender en otras partes: gestionar personas es parte fundamental de este negocio. Feedback, estructura, motivación, crecimiento. Definitivamente, es algo que marca la diferencia.
Antes de despedirnos le pregunté dónde se veía dentro de una década. No habló de expansión descontrolada ni de cifras estratosféricas. Habló de algo probablemente más difícil: "Seguir siendo un referente en sostenibilidad y ayudar cada vez más a que otros salones también los sean." Ahí hay una pista importante de hacia dónde va esta industria. O mejor dicho, hacia dónde debería ir. Porque, al final, esto no va solo de ser mejor que el de al lado. Va de elevar el conjunto de nuestra industria. Cuantos más salones entiendan esto, más valor tendrá la peluquería como sector.

